Pido al Señor ilumine la inteligencia y el corazón de aquellos hombres y mujeres de nuestro pequeño pero gran país, que tienen en sus manos la decisión para garantizarles a nujestros viejitos una pensión digna, segura, honrosa, que al menos le permitan terminar sus años con una mejor calidad de vida, esperando que al cerrar sus ojos lo hagan con gratitud y sonrientes.
Es el momento ideal para tocar la fibra y sensibilidad de aquellas autoridades corresponsables y responsables de promover y de llevar adelante este proceso a feliz término, que no es otro que lograr una pensión justa y más humana para nuestros padres, por eso esperamos que al leer este poema "Carta de una padre a un hijo". se veam reflejados en eel, en la triste realidad de la vida con la que nos despedimos.